No es exagerado afirmar que la vida democrática en el Distrito Federal se ha venido deteriorando con creces en las últimas semanas. Los habitantes de esta ciudad padecemos un Jefe de Gobierno autoritario que no soporta la pluralidad política, y un partido gobernante, el PRD, que busca aplastar a la oposición de la manera más burda e inadmisible.El mejor ejemplo de lo anterior es el agandalle de comisiones legislativas llevado a cabo por los diputados perredistas, a raíz del cual podemos ser testigos de cosas tan increíbles como las siguientes:
* La comisión de Vivienda será presidida por Arturo López Cándido, un célebre invasor de predios en la delegación Álvaro Obregón. La Iglesia en manos de Lutero.
* La comisión de Gestión Integral del Agua, que aborda un tema tan fundamental para la ciudad de México, estará presidida por Víctor Varela, conocido porro perredista sin la más mínima instrucción técnica en el tema.
* La comisión de Fomento Económico, encargada de promover las inversiones y la creación de nuevos empleos, fue entregada al PT, un partido que todavía reivindica el marxismo-leninismo, la lucha de clases, y se define como “maoísta”.
* La comisión Vigilancia de la Contaduría Mayor de Hacienda será encabezada por Leonel Luna, ex delegado en Álvaro Obregón, muy cercano a René Bejarano, el famoso "Señor de las ligas".
* La comisión de Administración Pública Local será presidida por José Luis Muñoz Soria, ex delegado en Cuauhtémoc, la delegación con más establecimientos irregulares de la ciudad.
* La comisión de Desarrollo Social será presidida por Alejandro López Villanueva, uno de los líderes del Frente Popular Francisco Villa.
Al PAN, en cambio, nos entregaron puras comisiones sin relevancia, y nos excluyeron de aquellas que sirven de auténtico contrapeso al Gobierno de la Ciudad, como la de Presupuesto y Cuenta Pública, y Vigilancia de la Contaduría Mayor de Hacienda, algo auténticamente vergonzoso. En todos los países democráticos del mundo, las comisiones legislativas de fiscalización están en manos de la oposición. Pero la ciudad de México, a la que los perredistas califican como “progresista”, está a la cola en cuanto a democracia y rendición de cuentas.
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